miércoles, 14 de octubre de 2009

UN RECADO A LA MORA DEL JARDÍN DEL MANSO PATIO DE FLORES AMARILLAS

Ellas lucían flacas y gordas a la vez.

Esplendorosamente tontas y eruditas salieron a volar.

Leíase en el cartel :

"NO DAR DE COMER A LAS PALOMAS"

café con leche bajo las fauces,
tabaquismo en mano izquierda, estación terminal Lacroze,
Ferrocarril Urquiza te partió, te partío un rayo.
Encuentro este espacio central dentro del recinto,
dónde sí podemos fumar,

mas no dar de comer a las palomas y sin querer pienso
en cualquier otra ciudad, o bien
te siento en esta silla vacía que naranja total y absorta
reclama mi atención.
¿Estamos grandes o gordas? Godot es caucho helado y sigo sin empleo
lo cual, mientras aguardo asistir a una especie de entrevista,
me recuerda que quedó un tiempo olvidado
en el que alguna vez reflexioné más hondo.
Tengo un mapa de Amsterdam y Berlín en el pecho
para que allí nos reunamos con los omoplatos desplegados.
Sonrientes y tristes por todas las parcelas del mundo.
¿Sabés algo acerca de una tal Marcela? Yo no.
Necesitaba escribirte con una sola mano,
aunque ahora transcriba con las dos en la era
de la pizza congelada que nunca ingerimos.
Necesitaba contarte que en el cigarrillo número 300
de la mañana pensé en vos.
Un poco boba me acercan de tajo un cenicero y siento culpa
Escucho cerca correr al tren
y quiero ir a algún lugar, ser menos egoísta y
que las palomas sean más gordas, más buenas.
Extraño algunas de nuestras reuniones bi osos polares.
Inauguremos una al aire libre.
¿Cómo estás?
¿Qué pensás antes de dormir?
Me gusta saber que el naranja se pone rojo,
que podemos no decir casi nada y
nos seguimos viendo.
Te quiero así, y lejos de las tarantelas de Alejandro Sanz y Chichito Pereyra.
Bailemos pronto.
Tramemos un picnic fotogénico, despilfarrado, rimbombante y hermoso.
Hojas secas, buzos, mantas y cervezas rancias

al polo.

g.

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