viernes, 2 de octubre de 2009

“TABACO, una contractura elitista

Delicada confesión

Habitación diminuta. Incontables ceniceros arrojados en el suelo.

Ella es la mujer sin siglo, edad indefinida, cabello indefinido, delgada, sin ideología, presumida y leve. Lleva botas cortas y guantes de salón. Se pasea unos instantes, busca un sitio dando pequeños, repetidos e idénticos círculos en el lugar. Se acomoda incómoda a gusto. Un pequeño tocadiscos comienza a girar cualquier canción. Se deshace, se rearma; comienza.


Ante el no cese de la ingestión de tabaco recordé que no moriría de aquello. No, no moriré de aquello, sino de esto otro. (Pausa, enciende un cigarrillo que delicadamente toma del bolsillo de su, tal vez, vestido)

Dentro de poco encontraré el pedal que me devuelva al presente y me deposite en el futuro, seguramente y por suerte, premeditado por otro. (Pausa) Las anomalías en mi falta de precisión para relacionarme (Pausa) son verdaderamente frecuentes. Si pudiera tal vez…y sólo sí realmente quisiera… (Tose durante unos segundos, luego se recompone) Podría tolerarlo. (Pausa, fuma. Modifica el ritmo de la emisión, ahora es un tanto más acelerado) Me rehúso a recurrir a un profesional que me profesionalice, me profetice u exorcice. “Usted deberá abandonar ese vicio característico que posee de comprar ceniceros compulsivamente en sitios de precios módicos. Serénese”, me dirá. Apabullada saldré a la calle; entraré en el bazar más cercano, compraré el cenicero y recordaré que no deberé volver… si tengo aún una hilacha de canción. (Pausa breve, fuma) Deberé volver. Hacia un cúmulo de verbos que me ordene. Que me indique hacia dónde dirigir mi temperamento para digerirme. Acudiré a mi diccionario, elegiré cuidadosamente cada vocablo y los anotaré en mi brazo. Intentaré recordarlos y los salvaré de la orfandad y el anonimato de las páginas. (Acceso de tos prolongado, se recompone y continúa) Aun así ¿Cómo reblandecer esta sórdida mansión en la que habito? (Pausa, se pasea) Quisiera una respuesta simple, una mascota débil. (Reflexiona)Un coballo quizá tal vez un pez. Un nuevo cenicero a quien regalar. (Retoma el ritmo acelerado) Saberme propia me desborda. Me avergüenza reconocerme análoga al plexo materno, ese cocodrilo boquiabierto y saborido. Aquello que circula en el subterráneo me desconcierta. Desconozco las palabras emitidas. A la par de la emisión comprendo que olvidé aquello a lo que me dirigía más no aquello que intentaba transformar. Extravié mi diccionario y el resto de los vocablos dirigidos a un otro me atacaron. (Silencio, fuma, confiesa) La inocencia que reside en mi aparente fragilidad se destiñe al cortar el salvoconducto. Entonces el profesional, al que nunca iré, me dirá: “Sí, es usted asquerosamente egoísta” En consecuencia deberé comprar unos cientos de ceniceros más. De todos modos inútilmente volveré a reconocer la repetición del acto detestado. La intolerancia del café frío. (Pausa) Pareciera que algo en mí no soportara el toma corriente ¿El toma corriente? ¡Sí! ¡Sí! ¡El salvoconducto! “Usted posee un salvoconducto que no le permite encontrar la ecuación exacta que luego le habilitará un sinfín de casas desprovistas de amor verdadero como la gotera que se filtra en el occipital… (Comienza a toser, no logra terminar la frase, luego se recompone, enciende otro cigarrillo , tiene una revelación)

La negación se alimenta del zumo extraordinario del arte corrido de sitio para dejar lugar al vicio externo. Fumo y poseo. Solido un órgano masculino a punto de gritarme: ¡¿Vas a quererme?! (Intenta llorar, intenta provocarse el llanto con sus propias manos, no lo consigue. Deambula en busca de otro cenicero. Elije uno, sonríe, continúa de pie. Afirma.) Sin embargo amo. (Pausa) Amo cantidades. La palabra cantidad indica el precio de la desmesura. Amo. (Pausa)Amo. (Pausa) Amo. Amo la tragedia griega. (Pausa) Temo tener que volver a rasurar el césped. ¿Desde dónde mirarlo para dejar de verme? (Pausa) Debo detenerlo. (Retoma ritmo acelerado)

Necesito una guía T, un té de canela, una manta al crochet, un chamán. Una pizca de garbo. Un Hesíodo con sus trabajos y sus días. Una indigestión entera. Una bolsa de gin. Un juego de dormitorio color ciruela. Una libreta telefónica a la cual reprocharle irresponsabilidad. Para así ordenarme y volver. Para así volver y hacer mansa la falta de este deseo enano. (Pausa) Deseo. (Pausa) Deseo. (Pausa) Deseo los grandes aviones y la viavas. A veces imagino haber ganado un trasto de golosinas y un amor cursi. Poseo y destruyo. Para delegarme al paternóster intangible. Para creer que no soy responsable. Que el cascarón roto me saludó sólo una vez y desde lejos, llevándose a otra que también era yo. Adiós enano mío. (Saluda hacia abajo) Me consumo. Sinceramente temo ser mi propia madre. Me convierto en envoltorio. En anciana llena de leche. Me deshago. (Arroja al suelo el cenicero antes elegido) Existo. (Ejecuta distintas poses, intenta una danza malograda que durará algunos segundos) Burgués y real. Quisiera fumarme entera a la ciudad. Me intoxico hasta el hartazgo. Me impaciento hasta desplomarme ante cualquier imagen seductora. Los cuerpos. Los trenes. (Pausa) Los elementos cortantes. Los rostros estropeados. Los utensilios de cocina. Los carteles despegados. Los alimentos brillantes y la palidez del reparto circular. (Pausa) Los amados. Los amantes. Los enamorados de todos a la vez. Las abuelas de sí mismas. Los monos y las yeguas. Las crines y todos ustedes. El sexo. El vicio. El hambre y el asiento para usted. ¿Lo ve? ¿Acaso no lo ha visto? ¡Es suyo!

Ahora solo intentaré dominarme. Pensaré en algo alentador: Susana Thenon, Susan Sontag, Al Pacino, Anthony Hopkins, y Antonin Artaud. Embarrarse puede encontrar dentro de sí multiplicidad de sentidos. Como todo. Me indigesto. Olvido al cocodrilo y asocio indigestión con gestión. (Se entusiasma, juega)¡Gestiónese! Sí, usted que se encuentra del otro lado del mar esperando el ocaso que no existe, el que, por lo tanto, es. ¡Vigía de la ola hacia la redención! ¡Muerte! ¡Vivimos llenos de vino! (Baila sincera) ¡Multiplicidad de rollos fotográficos! ¡Cantidades descomunales de diapositivas proyectando su vida acabada en súper ocho! (Pausa abrupta)

“Usted deberá entregarse, usted es su propia entrega, su sacrosanto delivery” (Tose avergonzada, camina rápidamente hacia el fondo, dicta como si alguna voz ajena se hiciera de su cuerpo) Observarás el efímero correr de tus pies en este charco. Aquí, ayer. El amor blanco y negro te desintegrará para devolverte un regalo ajado. Darás vuelta la página, del otro lado, el hueco. (Se aquieta, parece deshacerse) Ante el no cese de la ingestión de tabaco recordé que si decidía mudarme de mí misma encontraría el elixir, el llanto para apaciguar, para arrojar, tal vez…algo. Entregar y atragantarme, tal vez…y luego…amar. Amar el mar. Amar al mar. Amo la mar. (Pausa prolongada)

Entonces recordé que sólo a los franceses no les causaba daño el tabaco. (Se acerca al tocadiscos, ejecuta. Elije un cenicero, se sienta, enciende un cigarrillo , permanece)



No hay comentarios:

Publicar un comentario