Recuerdo a Helena. Su cuerpo anciano se desdibujaba con entera vitalidad, sus frases repercutían en mí como un gran hallazgo universal proveniente del árbol que desconozco. Absorbía del cáliz aniñado su tibia leche . Qué absurdas lucían las palomas famélicas, tus labios fumigados por el presente, la figura incómoda de no saber dónde ubicarse en el anonimato del pasillo. Helena, decidí llamarte así aún sabiendo que eras tal vez Elvira o Mariposa. En el aire tus ramas lo acaparaban todo desde el agotamiento lúcido, mientras el amor deshecho le reprochaba la falta de elegancia a la muerte.
viernes, 2 de octubre de 2009
Abandonaron el Paso del Tiempo en el Hospital Fernández una tarde de sol
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