martes, 8 de junio de 2010

Te lo Han

te lo han hecho

sin tapujo ni estrechéz

y

en medio

la inagotable intervención

enjugaba tus ojos .

Ando

Entonces sin querer me encuentro al pie de la cama un día domingo cómo cualquier otro aunque por fuera de algo vaya a saber yo qué llego a la instancia en qué la reflexión se deshace y todo recae en una simpleza. Entonces si pudiera transformar alguna cosa referente a hechos en potencia… empero llego a la instancia en que no puedo hacer otra cosa que volver a escuchar una canción en la ventana y entender que ese impulso corporal reverbera y me da cuerda a lo loco. Una simpleza que desvencija toda ceguera post abandono. Entonces ya no intento comprender ni asir. Ando.

Anomalía


Un ojo extranjero en medio

Y de todo un sobrante

El despegue

Podría encontrarte ya sin fuerzas en el despojo entero donde dormir intento sin conseguir si quiera un resabio para nosotros.

Donde no hay nada

Y encuentro entonces que esta insólita y empecinada inocencia no muere, como era menester, tal vez.

Una desbordante anomalía te perpetúa.

la caja

Podría

Tal vez algo

Sobre el techo

dentro de él y luego

el encierro de costado

agotando una calle cortada

en medio del día que se presenta para trastornarme.

Todos los vectores están fuera. Hacia allá adónde revolean las veredas.

Lo que podría ser algo en un pensamiento, no es nada, es un cuerpo enajenado, arrojado a la neblina veraniega. Vagando confuso distante en casi todo. Buscando con desesperación contenida un lugar. Algo que lo necesite.

Cada vector reverbera y se vuelve desvío. Como si sólo eligiera, pese al inminente temblor, continuar dentro de una caja.

lunes, 4 de enero de 2010

Oración

Nos iremos esta noche.


¿Cuál es la playa del tiempo osado en el que alegre descubría los riesgos de la mortalidad?


Un cuello muerde la presa.


En el centro un jardín espabila mi temple.


Anima de pato, entrégame al sueño.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Veda

Quién está cerca. Quién está en la zona.

En medio de la acera, un par de zapatos y cuatro loros. Son cinco. En medio no. Son cinco esquinas. Son cinco los loros. Como antaño solía suceder un dulce atropello me retiene y para saber qué miedo tener, bastará reconocer aquello en la fotografía del sospechoso y decir sin prisa, sí, es él, lo conozco. Enseguida esconderlo en el ajado piloto que fundará noctámbulo tu andar y contará escalones y contará baldosas como quien cuenta sus propios dedos una y otra vez intentando cerciorar alguna coincidencia aún sabiendo en secreto que tres sonará mejor que cinco y ocho veces tengo para contarte todo lo que hubiera hecho si hubiera sabido algo acerca de esta promisoria tempestad. Arbitrariedades para las manos que alargan el codo que alargan las manos que alargan el codo que esconde a las axilas de sal en ámbares que quiero tanto que tanto podría recordar perfecto y borroso todo aquello que atónito entre humo y un raspón corría. E intolerante me vuelvo en tanto elaborar encajadas respuestas se conjuga en una marejada de incógnitas y acertijos en desuso. Tal vez deba irme. Cerrar y gritar. Cuando nada habla. Sólo una inmensa quietud despareja. No extraño nada. Lo extraño todo. No hay momento y ejercer alguna torpe e inocente invitación podría presentarnos como extraños. Tropezarme y querer. Y qué indica que no hay momento, llamarlo cómo quieras. Llamarnos por fin árboles inquietos. Sólo intentar aceptar en el lugar del sueño que la reciprocidad es mansa y vacía y aún así la única verdad se me antoja diferente.

Cosas en discreto tamaño configuran el mapa del altercado en las calles. No tengo videos que nos documenten. Sólo amaneceres verdes y rosados. Entonces el aire y el ventilador evocan al llanto que llano y a sí mismo ocultarse intenta. Entero con su brazo acapara la espalda y sin prisa desbordarse, deshacerse, desalmarse, descoserse y retumbar. Levantar el cuello y tirante sumirse entre una lágrima y un esbozo en el que la sal lo cubrirá todo. De pronto en medio de esta parquedad el llanto se me trastorna vedado.

domingo, 20 de diciembre de 2009

un árbol y diez pinos

¿Entonces qué, intentar encontrar una dirección y enviarte una triste y ajada postal navideña contándote que alguna vez cuando era aún joven estaba cerca?